¿Con qué edad se puede ir de excursión con niños? 28 diciembre, 2015 – Publicado en: Manual

excursion con niños pirineo

 

Es normal que muchos padres primerizos se hagan esta y otras preguntas ¿Con qué edad se puede ir de excursión con niños? ¿Hasta cuándo tiene que ir en una mochila portabebés? ¿Con cuántos años puede hacer una ruta completa por sí solo?

Ir a la montaña con niños requiere de un proceso gradual de adaptación, tanto por parte de los niños como por parte de los padres o educadores, por lo que cuanto antes se empiece más sencillo resultará. A medida que los niños se hacen mayores adquieren hábitos y manías que pueden complicar su adaptación a la dinámica de la montaña.

Si tanto el niño como la madre se encuentran en buen estado de salud y la época del año acompaña, se puede comenzar a ir a la montaña aproximadamente a partir del mes de vida del bebé. Se tratará en cualquier caso de paseos cortos, pequeñas pruebas sin muchas pretensiones para ir adaptándonos a la nueva situación. A medida que el niño vaya creciendo pasará a la mochila portabebés, donde irá familiarizándose con el entorno: olores, espacio, sonidos, viento… Poco a poco irá abandonándola; al principio apenas avanzaremos mientras el niño observa embelesado un pequeño insecto o chapotea en un charco, pero con el tiempo, unos y otros, iremos ganando en soltura hasta que casi sin darnos cuenta nuestro hijo sea capaz de realizar una ruta completa por sí solo. Para que esto ocurra debemos ser pacientes y entender que en las excursiones debe ser el niño, y no nosotros, el que marque las pautas en su evolución. No pasa nada si en alguna ocasión tenemos que darnos la vuelta sin poder realizar aquello que en un principio habíamos previsto, recordemos que se trata de un juego, no de una competición. No debemos forzar al niño ni querer ir demasiado rápido, el ritmo lo deben marcar ellos. La montaña será siempre el medio, nunca el fin.

 

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Edades


La edad de un niño es un baremo que nos puede servir para discernir hasta donde podemos llegar, pero no el único. El desarrollo psicomotor varía de forma considerable de un niño a otro, que ante las mismas circunstancias puede desenvolverse de forma muy diferente a otros de su misma edad. Por todo esto las edades aquí recogidas se deben entender sólo como referencias, siendo necesario adaptarlas a cada caso en particular.

 

Hasta los 6 meses

En torno al mes de vida y si el estado de salud de la madre y el niño son buenos, y la época del año lo permite, podemos comenzar a realizar pequeñas salidas al monte prestando especial atención a la necesidad de una protección solar total de la piel y ojos del niño, que durante los primeros meses de vida es de especial importancia.

Los dispositivos portabebés tipo canguro son útiles para un primer contacto del recién nacido con la naturaleza. El bebé irá acostumbrándose a los nuevos estímulos que le rodean, al mismo tiempo que nosotros iremos descubriendo las múltiples posibilidades que ofrece la naturaleza vista a otro ritmo. Durante estas pequeñas excursiones de prueba realizaremos recorridos de no más de 2-3 km, avanzando siempre por terrenos sin apenas pendiente. El cambio en el centro de gravedad del porteador puede convertir un pequeño desnivel en un problema, y el dispositivo, por cómodo que sea, acabará cargando nuestra espalda y transmitiendo el sudor al bebé.

 

A partir de los 6 meses

Cuando el niño aguante bien la cabeza y mantenga la espalda recta será el momento de pasarlo a la mochila portabebés. Con ella ganaremos en autonomía y libertad a la hora de abordar rutas con una mayor exigencia. No obstante es esencial acostumbrar al niño poco a poco a la nueva situación, empezando con recorridos cortos y realizando siempre paradas cada hora y media como máximo, con el fin de que el niño descanse de la posición en la que se encuentra en la mochila.

 

A partir de 3 años

Si desde pequeños se les acostumbra ir al monte, a partir de los 2 años y medio, o incluso con poco más de 2, con paciencia, pueden completar algunas excursiones sin ayuda, siempre que se trate de desniveles, distancias y terrenos amables. Pero como norma general es a partir de los 3 cuando comienzan a ser de verdad autónomos. El niño comienza a estar listo para prescindir completamente de la mochila portabebés y explorar el mundo por su propio pie. Iremos animándole gradualmente a que la abandone y le enseñaremos poco a poco a superar los pequeños obstáculos que encontremos. Esta fase requerirá por nuestra parte de una gran dosis de paciencia, ya que de nuevo deberemos readaptar nuestros ritmos a las necesidades del niño.

 

A partir de 4-5 años

El niño mejora notablemente su coordinación motriz y control del equilibrio. En lo psicológico comienza a mostrar mayor inquietud por todo lo que le rodea. Observan, se interesan y preguntan por aspectos concretos, exigiendo de nuestra parte que cada vez elaboremos más los aspectos que rodean a la ruta.

 

A partir de 7-8 años

Si el niño está acostumbrado a la montaña es capaz de realizar excursiones de cierta dificultad. Física y mentalmente aguantan bien, incluso mejor que algunos adultos. No obstante el niño sigue desarrollándose y no es conveniente que realice sobreesfuerzos. La montaña tiene que seguir siendo un juego.

 

A partir de 10-12 años

Con el comienzo de la adolescencia los niños mejoran su rendimiento físico ostensiblemente, permitiéndoles abordar a un nivel más alto otras actividades de montaña como la escalada, la orientación o el esquí, mientras en lo psicológico, sus inquietudes e intereses varían notablemente. Comienzan a tener una relación más estrecha con otros niños de su misma edad, y la montaña, si no incluye a éstos, puede comenzar a perder interés. Los campamentos, aulas de naturaleza y clubs de montaña pueden ser alternativas interesantes para que los niños puedan seguir teniendo contacto con la naturaleza, pero con una perspectiva diferente en la que no tiene que ser necesaria nuestra presencia.

 

A partir de 15-16 años

Su desarrollo físico se asemeja al de un adulto. Si está acostumbrado a la montaña puede soportar largas caminatas y realizar a nuestro mismo nivel cualquier tipo de actividad.