Montaña y niños, una escuela sin paredes 15 febrero, 2016 – Publicado en: Manual

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La montaña es un lugar mágico para los niños. En ella pueden desarrollar todo su potencial sin limitaciones: construir un refugio, coleccionar hojas, trepar a los árboles, observar a los animales en libertad, jugar con el agua, sentir el viento golpeando en la cara, gritar, saltar, correr, oler… pequeñas cosas imposibles de encontrar detrás de una pantalla o entre las hojas de un libro, y que nos conectan con nuestros orígenes.

La mayoría de nosotros ya no conseguimos alimento, abrigo ni cobijo directamente de la naturaleza tal y como hacían nuestros antepasados, pero el contacto con la madre tierra, más allá de los paisajes reglados y manufacturados de jardines y zonas de juegos, sigue siendo una necesidad innata en la especie humana. En la naturaleza los niños juegan y aprenden de forma espontánea, fomentando el desarrollo de individuos más equilibrados, activos e independientes.

 

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En la naturaleza los niños juegan y aprenden de forma espontánea, fomentando el desarrollo de individuos más equilibrados, activos e independientes.

 

En nuestra sociedad es habitual etiquetar a la naturaleza como algo peligroso y extraño de la que los niños tienen que estar alejados. “El miedo de los adultos impide que los niños adquieran habilidades vitales para su protección y supervivencia” afirma la Dra. Heike en su libro Educar en verde, citando como ejemplo la creencia de que “si los niños se exponen al frío van a contraer una enfermedad respiratoria” a pesar de que “los investigadores aseguran que éstas se hallan más relacionadas, por ejemplo, con el aire acondicionado de las habitaciones cerradas”.

Pero la montaña, lejos de ser un lugar peligroso para los más pequeños, es una gran escuela al aire libre que lleva implícitos valores especialmente útiles para su desarrollo: imaginación, autonomía, creatividad, paciencia, tolerancia, superación, empatía, responsabilidad…

Disfrutar de la montaña con nuestros hijos es una de las actividades más gratificantes que podemos realizar con ellos, pero, al mismo tiempo, requiere de un proceso de aprendizaje lento y gradual que necesita de toda nuestra atención, esfuerzo y paciencia. El papel activo de padres o cuidadores es esencial para que la experiencia sea un éxito. Nuestra tarea ha de ser la de convertir las salidas a la montaña en un gran juego con el que transmitirles valores y herramientas esenciales para su desarrollo. A la vez que se divierten estarán aprendiendo de primera mano geografía, historia, geología, botánica o física, experimentarán con su propio cuerpo texturas, sonidos y sensaciones en relación con el entorno, y asimilarán lecciones tan importantes como la necesidad de respetar nuestro entorno natural.

 

El papel activo de padres o cuidadores es esencial para que la experiencia sea un éxito. Nuestra tarea ha de ser la de convertir las salidas a la montaña en un gran juego con el que transmitirles valores y herramientas esenciales para su desarrollo

 

Los beneficios del contacto directo con la naturaleza son incontables, pero sin padres y educadores involucrados, estos pueden quedar en nada. Si queremos transmitir a nuestros hijos el gusto por cualquier actividad, ya sea en la montaña o en otro ámbito, es fundamental hacerlo junto a ellos de igual a igual; mostrándonos siempre positivos, transmitiendo calma y proponiendo diferentes juegos que ayuden al niño a potenciar su aprendizaje. Es posible que de mayor sus intereses nada tengan que ver con la naturaleza, pero a buen seguro les habremos transmitido sus valores intrínsecos y las herramientas necesarias para desenvolverse con soltura y confianza por el mundo, más allá de los límites impuestos por la sociedad.