7 razones por las que amarás criar a tus hijos en la naturaleza (y nos son tan obvias como parece) 29 noviembre, 2016 – Publicado en: Manual

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“En las raras ocasiones en que los esfuerzos que vengo realizando en defensa de los animales salvajes han llegado a fatigarme, me ha bastado pensar que la Naturaleza pertenece a los niños para reanudar mi batalla encaminada a la conservación de la fauna.” Felix Rodríguez de la Fuente.

 

Un recuerdo que tengo de la vida que llevé de pequeña en plena naturaleza son los juegos interminables en el río Tormes cogiendo “canutillos” para pescar con las piernas rojas por el frío del agua. Las cabañas con palos, las fogatas a la luz de las estrellas y una libertad que sabía a sol.

Algo que siempre he tenido claro es que quería eso para mis hijos si algún día los tenía. Aunque desgraciadamente la acampada al aire libre fue prohibida hace años y esa vida que yo conocí es imposible replicarla hoy día. Sin embargo, procuro que mis hijos vivan el mayor tiempo posible rodeados de naturaleza ya sea montaña, embalses en verano, ríos o turismo rural.

Y pensando en este estilo de vida me di cuenta de lo que me hace distinta, de lo que hace distintos a mis hijos de otros niños más “civilizados”. ¿Queréis saber cuales son esas 7 diferencias que les hacen únicos?

 

 

01. Van a crecer fuera del círculo de consumismo, van a desarrollar su ocio en torno a elementos que no cuestan dinero con lo que van a verse librados del afán de consumir.

 

A mí no me hacía falta una consola, tablet, móvil, muñecos y más cacharros. Me divertía a muerte con un palo, una carrera por un prado o una trepada a algún árbol cercano.

Mis hijos son más “digitales” y aprecian la tecnología, eso es innegable pero cuando salen al campo disfrutan igual que yo de los elementos que encuentran.

¿Ir a un centro comercial el sábado? Pondrían unos ojos como platos 🙂

¿Qué hacemos si hace mucho frío? Nos abrigamos bien y salimos, hoy día hay chaquetas técnicas maravillosas a muy buen precio para que ellos vayan de maravilla. Guantes, gorro, braga de cuello, unas botas fuertes y a correr. Te aseguro que a la segunda carrera lo que te va a costar es que no se quiten el abrigo.

¿Qué hacemos si llueve? Entonces hacemos cosas en casa o buscamos un ocio más “cultural”. Museos divertidos como el de Ciencias, la Escuela de Minas, el Museo del Tren… hay decenas de posibilidades que no son ir de compras.

Es complicado ser un ejemplo para tus hijos si tu ocio consiste en comprar ¿no crees?

Otra alternativa son las obras de teatro infantiles, las hay super baratas y son divertidas, luego una hamburguesa y tan felices 😉

Como ya se van haciendo algo más mayores, en casa hacemos deberes, vemos pelis (bendito Netflix), jugamos a juegos de mesa o intentamos involucrarles en la cocina (esto según les da, la verdad).

 

 

02. Van a estar en contacto íntimo con su YO creador, al aire libre van a jugar con elementos naturales que les van a abrir la imaginación creando todo tipo de juegos libres, ellos van a ser los creadores de sus juguetes.

 

Cuando eres adulto, uno de los grandes problemas que te impiden crear libremente es la sensación de que puedes fracasar. Ellos no tienen esa sensación y son libres para crear lo que quieren, tanto dentro de su cabeza…

“Mamá, de mayor quiero ser basurera y tendré un camión que vuele y un perro muy grande que vendrá conmigo” (ideas reales de mi hija de 6 años).

Como fuera de ella, crean sin parar, las posibilidades son infinitas y la naturaleza les brinda esa posibilidad. Desde organizar sus propios juegos a combinar elementos para crear juegos nuevos, o usar rocas, árboles, pasarelas de piedra, troncos caídos o casas abandonadas…

 

 

03. Van a ser súper adaptables a cualquier medio, nos les va a dar asco nada, fuera melindrices, ni bichos, ni suciedad, ni sentarse en el suelo, ni “ir al baño” en cualquier sitio, 100% todo terreno.

 

Algo que me llamaba la atención cuando era pequeña eran las melindrices de las niñas de mi clase a la hora de hacer casi cualquier cosa. Si entraba un bicho por la ventana en la clase, se ponían a gritar espantadas. Si necesitaban ir al baño en el cole hacían toda clase de malabares para utilizarlo. Cuando ponían una comida que no era lo que ellas querían en el comedor, no comían…

Siempre he creído que son poses de supuesta feminidad pero bueno, eso es aparte 😉

Cuando te crías en el campo y en la ciudad a la vez que es nuestro caso, estás abierto a todo, a comer cosas nuevas… A caminar por cualquier terreno, a caerte y levantarte de nuevo, a soportar cierto nivel de incomodidad… A lavarte la cara con agua fría del río, a beber agua de fuentes de montaña…

 

 

04. Van a estar en contacto con la vida animal, no solo su mundo humano y familiar, van a ver cómo crecen las plantas, cómo mueren los animales, cómo varían las estaciones, entenderán de primera mano el paso del tiempo, lo cíclico de la vida.

 

Es una costumbre muy urbana proteger a los niños del ciclo de la vida. Esconderles las muertes de familiares o animales de compañía. Así el niño crece pensando que la vida es un cuento en el que solo pasan cosas buenas y cuando le pasas algo malo, y esos padres sobre protectores no pueden protegerle (que va a ocurrir sí o sí), el niño cortocircuita y no entiende ni procesa.

Entonces se produce en él un doble sentimiento de frustración, uno por el hecho en sí, resulta que la vida tiene altibajos y él no lo sabía… oh Dios mío… ¿Y ahora qué? ¿Nada es para siempre?

Y por otro lado, resulta que sus padres le habían mentido… que el perrito “Sombri” murió y él no pudo despedirse interiormente de él o que la tía “Ángela” falleció y él no sabía nada.

La naturaleza les enseña desde pequeños y de una manera sencilla, sin dramatismos, el ciclo de la vida, las estaciones pasan y las plantas de hoja caduca cambian su aspecto, las hojas mueren. Los insectos mueren en otoño, los animales hibernan y se protegen del duro entorno. Y la primavera trae otra vez la vida, las plantas reverdecen y los animales se despiertan de sus letargos, procrean y nacen nuevas vidas en un ciclo regular.

 

 

05. Aprenderán a ser libres de una manera natural, al estar acostumbrados a vivir en dos entornos, el civilizado y el natural más libre, sabrán apreciar la libertad y hacer uso responsable de ella. Respetando a los demás y entendiendo el lugar de cada cual.

 

La sensación primordial cuando preparamos una salida al campo es de “anticipación de libertad”. El perro lo sabe ;), los niños lo saben y nosotros lo sabemos. Vamos a disfrutar de un entorno sin reglas rígidas en el que conviven seres humanos, animales y plantas.

Los niños con la ayuda de los padres van a aprender a respetar todos esos elementos en convivencia y van a ser conscientes de que no solo ellos importan, que todo está en relación y que la vida es compleja y rica.

 

 

06. La relación que vas a tener con ellos en plena naturaleza es totalmente diferente a la que tienes en casa con horarios, normas y jerarquías de decisiones, aquí no hay normas tan estrictas y puedes disfrutar de una relación abierta y menos paternal.

 

Todos sabemos lo dura que es la vida con ellos desde el lunes por la mañana al viernes por la tarde. Horarios, deberes, clases, cenas, la compra, la casa, nuestros trabajos… uffff, madre mía. Al final la relación con ellos se resume en una persecución para que cumplan con sus obligaciones con algún rato de relax, pero los menos.

Cuando disfrutamos de una día o un fin de semana de campo con la familia, la relación cambia por completo. Nos podemos relacionar con ellos de una manera más relajada, dejamos de ser los policías y nos convertimos en observadores o cómplices de sus juegos. Podemos charlar tranquilamente mientras paseamos haciendo posible una relación más profunda con ellos y mejorando la calidad de la convivencia.

 

 

07. Ellos van a probarse a sí mismos y van a ganar en autonomía, responsabilidad y autoestima, trepar a rocas, encontrar “tesoros escondidos”, cruzar arroyos saltando, todas estas actividades les generan un chorro de buen rollo increíble, y todo gratis!

 

Por último, no hay que olvidarse de que la libertad produce un aumento natural de la autoestima que es super importante para ellos. En mi caso, mi hijo mayor tiene TDAH y en su día a día la vida es bastante complicada para él. Así que cuando sale al campo y puede “ganar” y hacer las cosas bien, como trepar a un árbol, o ser el más rápido en cruzar un río, o saltar una valla para él es un triunfo que le alegra el día.

Ellos prueban sus límites y su autonomía, saben hasta dónde les permite su miedo avanzar o cuándo deben pararse de manera natural. Por supuesto siempre bajo nuestra supervisión.

Así que visto lo visto, ni se me ocurre llevarles el sábado por la tarde a un centro comercial a no ser que necesiten algo concreto que entonces sí, claro. También hay que acostumbrarles a esa “incomodidad” 😉

Intentamos vivir nuestro ocio de la manera más natural posible, dándoles, lo que yo creo firmemente, que es la mejor educación vital para apreciar la vida.

 

¿ Y tú, crees que criar a tus hijos en contacto con la naturaleza es importante? ¿Por qué?