Senderismo fluvial en familia 6 junio, 2017 – Publicado en: Actividades

 

El senderismo fluvial es una actividad sencilla y divertida, que a los niños les encanta y que nos pone en contacto con la naturaleza más pura. Nos saca de nuestro ecosistema y nos pone en el centro de otro totalmente distinto, y eso también es una lección para los más pequeños: en el agua no somos los reyes. Habrá que sortear pequeños obstáculos, observaremos desde dentro la casa de peces, anfibios, culebras de agua, aves de ribera, roedores acuáticos y animales de todo tipo que acuden a refrescarse. Seguramente también tendremos el premio del chapuzón en las pozas más inaccesibles.

En este artículo hablamos de senderismo fluvial, que no es barranquismo, una disciplina bien distinta que no debemos emprender sin la compañía de personas expertas en la materia o guías profesionales, y con todas las medidas de seguridad necesarias en cada caso: casco, arnés, traje de neopreno, chaleco salvavidas… Por contra, el senderismo fluvial se realiza en tramos tranquilos de los ríos, sin salvar desniveles relevantes y con un nivel del agua que rara vez supera la altura de la cintura, generalmente por debajo de la rodilla. Los ríos mediterráneos son el espacio ideal para esta práctica, por sus intensos estiajes y una temperatura del agua y exterior que nos asegura una experiencia agradable.


La preparación


Antes que nada, y como en cualquier tipo de ruta, tendremos que asegurarnos de que el tramo que vamos a recorrer cumple con esas condiciones y se adapta a nuestras capacidades como grupo: hay que tener en cuenta que andar por el agua es mucho más cansado. A mayor nivel del agua, mayor esfuerzo. Evidentemente, los recorridos de los ríos son lineales, por lo que, o bien prevemos la vuelta por fuera del agua o bien tenemos en cuenta que el regreso será todavía más duro a contracorriente. Para iniciarse, lo ideal es no empezar con un recorrido mayor de un kilómetro de ida y vuelta por el agua, o kilómetro y medio si el regreso es por la ribera, que nos puede llevar perfectamente casi dos horas.

Los ríos son muy cambiantes. Por tanto, a la planificación de una ruta de estas características hay que añadirle un extra. El río que transitamos hace unos años puede no tener nada que ver con el que pretendemos caminar hoy: las crecidas del otoño a la primavera modifican las orillas, los puntos de acceso, la vegetación de ribera e incluso el propio curso. Por tanto, nada mejor que consultar con quienes hayan realizado la ruta hace pocos días, hacer un recorrido previo de verificación, comprobando todos los detalles y las posibles sombras en la cobertura de telefonía móvil, o contar con la ayuda de profesionales.

Además, habrá que extremar las precauciones habituales sobre la previsión meteorológica en todo el recorrido del río, ya que las tormentas veraniegas pueden suponer un aumento súbito del caudal que nos puede poner en aprietos, especialmente en los cursos encañonados. Escogeremos siempre aquellos tramos que no tengan represamientos aguas arriba, porque los desembalses de centrales hidroeléctricas o para el riego pueden ser mucho peores que un temporal repentino.

En cualquier caso, habrá que estar muy pendiente a los cambios de turbidez del agua mientras caminamos, o la llegada de hierbas y plantas acuáticas a la corriente, que nos pueden poner sobre aviso. En este caso, lo mejor es regresar a las zonas seguras que suponen los caminos, las edificaciones del entorno o las laderas, siempre evitando las torrenteras, aunque estén secas.

El atractivo principal de este tipo de rutas y su valor educativo, que es precisamente el cambio radical de entorno, plantea también algunos problemas con los niños no acostumbrados al aire libre: es posible que las texturas de las rocas y el fondo, los invertebrados acuáticos o la imposibilidad de ver donde se pisa, en ocasiones, les genere rechazo. Por ello, es muy importante explicar muy bien a cada paso qué es lo que nos encontramos: que las plantas son plantas acuáticas, como cuando caminamos por una pradera de césped, que los “bichos” son inofensivos y, en la mayoría de los casos, garantes de la pureza del agua, y que incluso el eventual avistamiento de una culebra viperina entraña más temor para ella, que huirá inmediatamente, que para nosotros.

 

Fotografía: Moisés García

Fotografía: Moisés García

 

Qué necesitamos


Necesitaremos un buen calzado para caminar por el agua, con suela gruesa. Generalmente, si no disponemos de unos buenos escarpines cerrados para roca, lo mejor son unas zapatillas viejas que podamos cambiarnos al terminar, ya que las sandalias o patucos de playa son incómodos al caminar sobre cantos rodados, y la grava nos entrará bajo la planta del pie. Camiseta y repelente contra los mosquitos y otros insectos, gorra y crema solar (el reflejo del sol en el agua también quema); una pequeña mochila alta que no nos importe mojar, con bolsas de cierre hermético y un bote estanco en su interior para los objetos personales más preciados; una toalla ligera, algún elemento de flotación opcional y poco más, será lo que necesitaremos. No nos olvidemos del agua y de beber cada cierto tiempo, ya que la frescura de la travesía puede enmascarar la sensación de sed.

 

Fotografía: Moisés García

 

 

ALGUNAS SUGERENCIAS MEDITERRÁNEAS


Por poner un ejemplo, un recorrido espectacular en la Sierra del Segura de Albacete es el que traza el río Mundo, famoso por su espectacular nacimiento en cascada en la localidad de Riópar. Entre los términos municipales de Bogarra y Ayna, su curso fluye por un impresionante cañón con paredes verticales de hasta 500 metros de altura desde la base, más imponentes si cabe vistos desde el agua. También allí dejó el hombre prehistórico su huella en forma de pinturas rupestres en la Cueva del Niño.

La bravura de la garganta contrasta con la tranquilidad del caudal desde las proximidades de la aldea de Los Vizcaínos, en Bogarra, hasta la de Los Cárcavos, en Ayna, en un recorrido lineal que puede hacerse cómodamente contando con el desplazamiento y recogida en 4×4 que ofrecen algunas empresas de la zona. Además, un grupo de aficionados a la naturaleza organiza todos los años la travesía Influvia, con el mismo recorrido.

Mirando hacia el Levante, uno de los blogs de referencia para los amantes del senderismo en la zona, A cel obert, ofrece esta interesantísima selección de rutas acuáticas por toda la Comunidad Valenciana, si bien hay algunas que están más en el terreno del barranquismo que del senderimo acuático.

 

 

Moisés García
Senda Digital – Actividades de naturaleza en la Sierra de Albacete