Jugar en la naturaleza: claves para convertir las excursiones con niños en un éxito 30 marzo, 2017 – Publicado en: Manual

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El juego es una de las herramientas principales de aprendizaje de las que disponen los niños. Jugando exploran el mundo, experimentan, aciertan y se equivocan. A diferencia de las opciones acotadas que ofrecen los juguetes comerciales, la naturaleza pone a su alcance una infinidad de objetos con texturas, matices y posibilidades diferentes que les permiten experimentar y desarrollar su imaginación: piedras, palos, hojas, insectos, agua, semillas… Un potencial que debemos exprimir al máximo para convertir nuestras salidas a la montaña en un gran juego, una gran aventura en la que los niños sean los protagonistas.

Mantener su atención durante las horas que dura una excursión es sin duda el reto más difícil de cuantos se nos pueden plantear. En los niños, de forma más acentuada que en los adultos, el cansancio psicológico aparece antes que el físico, haciendo que al más mínimo síntoma de aburrimiento se muestren apáticos y cansados, pasando de la euforia al abatimiento en apenas segundos. Promover el juego de los niños en la naturaleza deber ser una parte esencial en la planificación de nuestras salidas a la montaña; si están entretenidos enseguida olvidarán cualquier sensación de cansancio o pesimismo.

Durante los días previos comenzaremos a hablarles y enseñarles imágenes de aquello que vamos a ver, para en definitiva hacerles partícipes de la aventura que vamos a emprender. Ya en la montaña convertiremos la ruta en una enorme gymkhana repleta de pistas, hitos, señales y tesoros perdidos; pequeños pasos que nos irán llevando hasta nuestra recompensa: una poza donde bañarse, unas ruinas perdidas que nadie conoce, un castillo encantado en lo alto de la montaña o una formación rocosa donde habitan dragones.

Una vez en casa podremos seguir potenciando su aprendizaje proponiendo nuevos juegos mientras esperamos a la siguiente aventura. Actividades como coleccionar hojas o minerales, llevar un registro de nuestras salidas o de los animales y plantas que hemos visto, construir elementos como un termómetro que nos hagan comprender mejor el funcionamiento de todo aquello que nos rodea, cultivar plantas, criar gusanos de seda… serán de gran ayuda para incentivar el amor por la naturaleza y como aliciente para las siguientes salidas.

 

Texto extraído del libro Rutas con niños en el Pirineo (Ed. Xplora)